lunes, 23 de noviembre de 2009

DE LA CUMBRE MUNDIAL SOBRE SEGURIDAD ALIMENTARIA Y LOS DERECHOS DE LOS PAÍSES POBRES

Desiderio Becerril Conejo
Licenciado en Ciencias del Trabajo y Graduado Social


Se acaba de celebrar en Roma la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria promovida por la ONU y la FAO. El documento final recoge una serie de propuestas para erradicar el problema del hambre en el mundo pero sin concretar cantidades, plazos ni lugares, lo cual ya anticipa unos resultados escasos o inexistentes.

Los datos que se han expuesto allí son para reflexionar. Por ejemplo, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, ha manifestado: “Hoy van a morir 17 mil niños en el mundo de hambre”.
Por su parte, el director general de la FAO, Jacques Diouf, puso de manifiesto que "eliminar el hambre de la faz de la Tierra requiere 44.000 millones de dólares EE.UU. anuales de ayuda oficial al desarrollo en inversiones en infraestructura, tecnología e insumos modernos. Se trata de una cantidad pequeña si se compara con los 365.000 millones en subvenciones a los productores agrícolas en los países de la OCDE en 2007, o los 1,3 billones de dólares que el mundo gastó en armamento ese mismo año", según Diouf.

Saber que hoy en día, cuando nos encontramos en el momento de la historia de mayor desarrollo tecnológico y de conocimiento, siguen muriendo miles de personas de hambre en el mundo, se antoja como mínimo una injusticia y una falta de solidaridad de escala mundial.

Esta situación plantea cuestiones de índole moral, comprobar hasta qué punto llega la falta de esa solidaridad del ser humano, incapaz de alterarse ante ese desastre humanitario que lleva a miles de personas a morir de hambre en el mundo.

Otra cuestión importante es la continua violación de derechos humanos que supone esta situación. Se está privando del derecho a la vida a miles de personas, derecho sin el cual los demás no tienen sentido, pero no porque alguien atente directamente sobre su integridad física, sino porque los que tienen el poder de mitigar o terminar con esa situación de hambre no lo hacen, en este caso los países ricos y desarrollados. Hay que recordar que documentos como por ejemplo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, o el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales están suscritos y ratificados por la mayoría de los estados, incluidos los más ricos. En el preámbulo de este último se puede leer, “…con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos”.

Pero la solución no está en programas puntuales de ayuda al desarrollo, una especie de limosna que se da en tiempos de bonanza, sino acometiendo decididamente acciones que lleven a los países pobres a ser autosuficientes, a poder explotar sus recursos naturales en su propio beneficio y a poder comerciar con ellos en el mercado mundial.

A este respecto conviene recordar que el 70 % del mercado mundial está en manos de los miembros de la OCDE, organización a la que pertenecen los países más avanzados, y cuyo objetivo es maximizar su crecimiento económico y promover su desarrollo. Sobre un mapa del mundo podríamos ver que están excluidas de esta organización como miembros de pleno derecho toda África, toda América del Sur y Central (excepto México), toda Asia (excepto Japón y Corea del Sur), y en Europa la mayoría de los países de la órbita de la extinta Unión Soviética. En resumen, en las manos de 30 países está el destino del comercio mundial. De esta forma parece improbable que ese desarrollo y crecimiento económico necesario en todos los países del planeta pueda convertirse en un objetivo global.
Si todos los países del mundo alcanzaran un nivel de desarrollo equiparable, la competencia que se desarrollaría a escala mundial igualaría los niveles de desarrollo y bienestar, los ricos serían menos ricos y los pobres menos pobres. ¿Están los países más desarrollados, y los ciudadanos de estos países, dispuestos a renunciar a su estatus en beneficio de un mejor bienestar de los pobres? No parece que eso vaya a suceder, los países ricos controlan el mercado mundial y así parece que va a seguir siendo.
Para hacernos una idea del tremendo diferencial entre países ricos y pobres, con los datos del Fondo Monetario Internacional del 2008 y poniendo como ejemplo España, observamos que nuestro país ocupa el puesto 25 de 182, con una PIB per cápita en dólares USA de 35.331 $, pues bien, 138 de esos países no llegan ni siquiera a la mitad del dato español, y 80 de ellos no llegan ni a nuestra décima parte, y no se puede decir que sean países poco representativos en cuanto a población, pues entre otros, en este segundo grupo se encuentran países como China o la India que por sí solos ya representan en conjunto casi el 40 % del total mundial.
Los últimos 20 países no alcanzan los 500 $.

Queda mucho por hacer, y todo pasa por algo tan sencillo como cumplir los numerosos acuerdos, tratados y convenios que de forma reiterada se firman bajo los auspicios de organizaciones como la ONU, FAO, OIT, etc.






18-XI-2009

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